jueves, 15 de junio de 2023

HISTORIA DEL CEMENTERIO ALEMÁN.

HISTORIA DEL CEMENTERIO ALEMÁN.

Fotos personales tomadas el 14 de junio de 2023
Esta síntesis de los origenes de lo que hoy lllamamos el Cementerio Alemán nos permite y facilita comprender tanto su arquitectura como la mentalidad que cada elemento encierra y comparte.
RECURSO.
Síntesis histórica del Cementerio Alemán de Buenos Aires
Por Oscar Andrés De Masi

Los cementerios de los ritos disidentes en Buenos Aires: una historia en común

El cementerio del Socorro

Una asamblea celebrada por los comerciantes ingleses de Buenos Aires el 15 de diciembre de 1820, marcó el punto inicial de los trámites que permitirían a los protestantes disponer de un cementerio con identidad propia.

A comienzos de 1821 y con estas perspectivas alentadoras para la libertad de cultos derivada de la política rivadaviana, británicos, norteamericanos y, en menor medida alemanes, comenzaron a enterrar a sus difuntos en un primer cementerio (burial-ground) en la inmediata vecindad de la iglesia del Socorro y la quinta de Mazza (media hectárea en la manzana de las actuales calles Cerrito, Juncal, C.Pellegrini y Arenales) dotado de una pequeña capilla y donde los oficios se realizaban, según el rito metodista, a cargo de un seglar.

La asamblea celebrada el 15 de diciembre de 1820 había resuelto iniciar una campaña para recaudar fondos y adquirir aquel terreno destinado a enterratorio. La escasez de recursos llevó al grupo promotor inicial (británicos) a incluir a los norteamericanos y a otros protestantes. Aparecen así los alemanes, en su mayoría luteranos, con donaciones de Johann Christian Zimmermann, M. Lamping y, años más tarde, de W. Belerbach, W. Shipmann y M. Hölterhoff. Zimmermann (nacido alemán pero mudado a Nueva York a los 16 años y llegado a Buenos Aires en 1815 con un cargamento de armas para los ejércitos patriotas) fue una figura clave, por su capacidad de movilización de recursos, derivada en gran medida de su doble investidura como cónsul norteamericano y de Hamburgo, y de su instalación en el comercio de Buenos Aires, asociado a su yerno Benjamin W. Frazier.

El gobierno concedió prontamente la autorización (con dictamen eclesiástico favorable del Pbro. Dr. Antonio Sáenz producido en febrero de 1821).

Este enterratorio fue cerrado en diciembre de 1833 (cuando los protestantes de Buenos Aires ya disponían de otro cementerio) y en los años subsiguientes su estado se volvió ruinoso.

El cementerio de la calle Victoria

Nuevamente, los protestantes británicos tomaron la delantera en una asamblea celebrada en el Consulado inglés el 11 de agosto de 1832 que aprobó una suscripción de fondos para adquirir un terreno, en una zona periférica de la ciudad. Una comisión ad hoc designada en aquella asamblea debía informar, también, a los norteamericanos y a los alemanes.

En 1833 se abrió el segundo cementerio protestante de Buenos Aires, en un terreno de una cuadra cuadrada adquirido por John Harrat el 31 de diciembre de 1832 al matrimonio formado por Manuel de La Serna y María Luisa Raseti (que eran sus dueños desde 1823) y que, anteriormente fue la quinta de Miguel Riesco; situada en las inmediaciones de la Plaza llamada de Lorea en el entonces extremo occidental de la ciudad y en las cercanías de la capilla "de Salinas" y del "Molino" de William Stroud.

El 7 de junio de 1833, Harrat procedió a transferir la finca a una "comisión" compuesta por los señores Amstrong, Brown, Barton, Duncan, Lammont y él mismo , manifestando éste último que la adquisición previa la había efectuado con dinero de esa comisión.

Se lo llamó de varias maneras: "Cementerio Protestante", "Cementerio Inglés", "Cementerio de Disidentes", "Cementerio de la calle Victoria" o, simplemente "de Victoria" (hoy calle Hipólito Yrigoyen). Tuvo una capilla neogótica proyectada por el arquitecto Richard Adams, a quien también se le había encomendado el plano del enterratorio,

Allí, pues, los alemanes dispusieron de una cuarta parte del predio (German ground), en el rumbo sudoeste, de aproximadamente dos mil metros cuadrados, coexistiendo, nuevamente, con británicos y norteamericanos. Esta adquisición se formalizó en agosto de 1833 en el Consulado Británico y los señores Johann Zimmermann, Francis R. Mohr y Johan. Echemberg actuaron en nombre de la colectividad alemana (que carecía de una personería formal o de una congregación orgánica en el Río de la Plata), aportando $5.000.- para la compra de su porción de la quinta, en su frente sobre la calle Alsina, que era de 172,5 pies ingleses x 125,5 pies ingleses (=21.648 pies ingleses cuadrados) .

El cierre del cementerio: final de una época y fortalecimiento institucional de la comunidad alemana
El Cementerio de Victoria debió clausurarse a causa del crecimiento de aquel barrio y el clamor de los vecinos para lograr su cierre. Por otra parte, la epidemia de cólera del año 1867 y la de fiebre amarilla de 1871 habían mermado la capacidad de los cementerios municipales y el tema de los enterratorios fue motivo de preocupación y debate.

La oportunidad resultó, de alguna manera, favorable a los deseos de la parte alemana: debe tenerse presente que desde octubre de 1843 existía, con la autorización del gobierno, en Buenos Aires, una Congregación Evangélica Alemana, modificando de este modo el estatus de aquella confesión religiosa y dotándola de una estructura eclesiástica oficial. Ya no era, pues, la expresión menguada de una colectividad sin congregación, que se enfilaba detrás de la iniciativa británica por imperio de la necesidad y a la sombra de la común identidad reformada.

Esta novedad institucional significó que la propiedad de la sección alemana de Victoria pasara, aunque sin escritura individual, pero con plenitud posesoria, a la Congregación También, desde 1853, los alemanes contaban con un importante templo en la calle Esmeralda, proyectado por el arquitecto inglés Edward Taylor (con reformas de los arquitectos Laass y Heine en 1923).

Estos factores implicaron, sin duda, un nuevo empoderamiento institucional de los protestantes alemanes de Buenos Aires. Los pastores Nordenholz y Büttner fueron activos portavoces de su comunidad y hasta habían llegado a obtener, en 1869, junto a británicos y a norteamericanos, un escaso sector de dos cuadras en el Cementerio del Oeste que se proyectaba por entonces. Pero, en el ínterin, la falta de espacio se resolvía, para los evangélicos alemanes, de modo asaz provisorio: adquiriendo parcelas que no utilizaban los norteamericanos.
La "Chacarita de los Disidentes"

Como quedó dicho, las grandes epidemias habían puesto en crisis la capacidad de los enterratorios en la ciudad de Buenos Aires. Desde 1869, la Municipalidad comenzó a notificar la decisión de que el cementerio protestante fuera trasladado a una zona más remota.

El 24 de marzo de 1869, la Municipalidad pactó con las partes protestantes (llamadas imprecisamente "Congregación de Protestantes ingleses, alemanes y americanos") representadas por John Drysdale, unas "bases de arreglo para la clausura del actual Cementerio Protestante", es decir, Victoria. En tales entendimientos, la Municipalidad se comprometía a donar una o dos cuadras cuadradas en el predio que resultara enterratorio general de la ciudad (sería el cementerio del Oeste o Chacarita).

Los feligreses pertenecientes a los cultos o ritos "disidentes" establecidos en Buenos Aires, representados por británicos, norteamericanos y alemanes, y constituidos ahora en "Congregación de Disidentes Extranjeros" (aunque sin personería legal) obtuvieron los terrenos en la Sección XVI del Cementerio de la Chacarita o del Oeste, el 28 de agosto de 1891.

Jurídicamente, se trató de una "permuta" concertada con la Municipalidad de Buenos Aires mediante la cual se cedieron, con destino a plaza pública (la actual Plaza 1º de Mayo) las respectivas fracciones en el Cementerio de la calle Victoria (manzana de las calles Victoria, Alsina, Pasco y Pichincha). Pero la permuta no iba a perfeccionarse de inmediato

Es interesante destacar que en el instrumento suscrito en agosto de 1891, los alemanes y los norteamericanos aparecen como entidades minoritarias pero diferenciadas de la mayoría británica. La "comisión" administradora del Cementerio, llamado ahora de Disidentes, se integraba con tres delegados británicos designados por la "Corporación del Cementerio Británico", dos delegados alemanes designados por la Congregación Evangélica Alemana, y un norteamericano nombrado por la colectividad. Esta composición orgánica evidenciaba que la Corporación del Cementerio Británico representaba los intereses de la parte británica (valle decir, únicamente de los propietarios de sepulturas en el sector británico), aunque no a la totalidad de las partes. Especialmente los alemanes, como antes señalamos, comenzaban a verse incómodos ante esta situación (a diferencia de los norteamericanos, que por comunidad de idioma y de ambiente anglosajón, solían adherir a las decisiones de la parte británica, dejando entonces en virtual desventaja de votos a los alemanes).

Sectorización del terreno en la Chacarita

En octubre de 1892, las partes que integraban el nuevo Cementerio de Disidentes (o "Chacarita de los Disidentes") suscribieron un convenio mediante el cual acordaban la forma de repartir los terrenos, deslindarlos y administrarlos. Estos quedaban divididos en cuatro secciones: ingleses, alemanes, norteamericanos y una "reserva" para protestantes de otras nacionalidades o de habla española. La proporción de terreno para cada sección había sido proyectada en el plano por el arquitecto Basset Smith y disponía, una vez deducida la reserva: un 55% para la Corporación Británica, un 35% para la Congregación Alemana y un 10% para los norteamericanos. Nuevamente, la asimetría de porciones físicas era el germen del descontento, que no tardaría en manifestarse.

Aunque el liderazgo del proyecto seguía en cabeza de los británicos, la Congregación Evangélica Alemana, con una pronta respuesta de la colectividad, pudo reunir la suma de $20.000.- para contribuir con los gastos de instalación y de mantenimiento, construcción de la capilla, vivienda del encargado, oficina etcétera, designando administrador al señor Rhode e inaugurando su propio sector el 13 de noviembre de 1892.. Once días más tarde, el 11 de noviembre, se realizó la primera inhumación en el sector alemán. Para entonces, los alemanes no sólo reclamaban una mayor superficie de terreno, sino también una representación igual a la parte británica en la comisión administradora.

Pero la capacidad de enterramiento volvió a colmarse. Una solución a la cual se echó mano fue avanzar sobre el sector de reserva para protestantes de habla española (que no eran tan numerosos). También este recurso fue efímero. Aun cuando se procediera a abrir y reutilizar sepulturas antiguas, poco se habría logrado. La única opción sustentable para la Congregación de habla alemana era obtener su propio predio. Con ello, no sólo se obtenía una solución de tipo práctica, sino, a la vez, un gesto simbólico de emancipación e identidad propia.
Se decide la venta del predio de la calle Victoria. Saneamiento del título de la propiedad alemana

En agosto de 1913, la Congregación Evangélica Alemana dispuso enajenar en favor de la Municipalidad los 3.000 metros cuadrados que poseía en Victoria y obtener, a cambio, esos 20.000 metros cuadrados lindantes con la ya existente parte alemana en Chacarita (entre el cementerio mismo y las vías del Ferrocarril Central de Buenos Aires, que se desplazaron). Una nueva autorización municipal del 21 de noviembre habilitó al gobierno porteño a proceder a la venta definitiva.

El 1º de octubre de 1914 y teniendo como precedente administrativo el expediente municipal nº 49621 Letra E del año 1913, pudo firmarse ante el notario Vicente Hoyo la escritura que saneaba los defectos del título original (recuérdese que la escritura de Victoria había sido otorgada sólo en cabeza de la parte británica) y la Congregación tomó posesión de esa enorme parcela.

En diciembre, la Congregación dio un paso más en favor de la autonomía y resolvió que debía disolverse la administración conjunta con los británicos, ya que, de hecho y de derecho, los alemanes habían logrado el anhelo de un cementerio propio con capacidad suficiente. Sin prejuicio de ello, se compartiría temporariamente el uso de la capilla .

No debe pasarse por alto el estatus alcanzado por la comunidad alemana y sus logros económicos, tras los modestos comienzos en el siglo XIX, cuando Hamburgo, Bremen y Prusia habían establecido relaciones consulares con el gobierno de don Juan Manuel de Rosas. Años más tarde, en la década de 1870, fue abierta en Buenos Aires una legación imperial alemana y, por la misma época, los vapores producían comunicaciones mercantiles regulares de ultramar: las manufacturas y los capitales alemanes comenzaban a llegar a la Argentina, en tanto los cueros pampeanos, la lana y el extracto del quebracho partían hacia Alemania.

En los primeros años del siglo XX, a las casas comerciales y explotaciones agropecuarias de viejo establecimiento (Zimmermann, Altgelt, Bemberg, Bracht, Bunge, Tornquist, Hasenclever, Heimendahl, Lahusen, Staudt etcétera) se sumaron bancos, firmas exportadoras, consorcios de inversión, agencias de grandes industrias alemanas (como Siemens), empresas constructoras, el monopolio de la energía eléctrica (a través de la CATE). Sus directorios facilitaban la interrelación de la colectividad con los sectores más encumbrados de la sociedad argentina.

El logro de un cementerio propio era una señal de afirmación de aquella identidad, aureolada ahora con un nuevo lustre ante los ojos de los criollos.

1915: administraciones separadas.

El 27 de julio de 1915 las partes (Corporación del Cementerio Británico y Congregación Evangélica Alemana) acordaron por convenio la separación de la administración, el deslinde de los terrenos correspondientes a cada nacionalidad, y la venta del templo a la sección Británica, lo mismo que la casa del encargado. Por ambos edificios se pagaron $20.000.- El 12 de noviembre de 1915 se instrumentó, mediante escritura pública, la división de la propiedad que la Municipalidad había otorgado en 1891 a aquella "Congregación de Disidentes Extranjeros" (que a pesar de su convincente nombre, carecía de personería jurídica!).

La Congregación Evangélica Alemana tomaba a su cargo las secciones 1, 4 y 7; las manzanas A, E y F de la sección 5; y las manzanas A y C de la sección 8. Al mismo tiempo, la cláusula tercera establecía las áreas de uso común el camino principal (desde el primer pilar del portón de entrada hasta la capilla), el terreno entre la capilla y el terreno alemán, y otros dos senderos marcados en el plano anexo al convenio. Pese a ser áreas de uso común, la propiedad la retenía la Corporación Británica. Firmaban el convenio (cuyo instrumento es ahora un ejemplar mecanografiado, en lugar de las tradicionales versiones manuscritas) James Begg, Robert Grant y el Rev. Fleming, por la parte británica (apoderados en la asamblea del 28 de abril de 1915 y en reunión de comisión del 10 de junio del mismo año); y Carlos Moll por la parte alemana.

Puede decirse, entonces, que, dejando de lado la cesión de dos cuadras en Chacarita en 1869, en rigor, la decisión congregacional alemana de 1911, la venta de terrenos en Victoria de 1913, la escritura y toma de posesión de nuevas parcelas en Chacarita en 1914 y el acuerdo entre partes de 1915, son los hitos cronológicos que marcan la autonomía jurídica y física de ambos cementerios tal cual los conocemos ahora, con sus nombres propios, en el lugar donde se emplazan: el Deutscher Friedhof (Cementerio Alemán) y el British Cemetery (Cementerio Británico).

Los términos colaborativos del convenio de división de ambos cementerios, y la facilidad, por un plazo de tres años, de compartir capilla (y seis meses para el local de administración), así como el completo acuerdo de cancelación de pasivos, desmienten una versión infundada que suele repetirse, y que atribuye a los enconos de la Primera Guerra la causa de la separación. Aunque la división ocurriera en los años de la Gran Guerra, las dos colectividades radicadas en Buenos Aires mantuvieron relaciones cordiales y no trasladaron al espacio del cementerio el conflicto entre naciones. Lo cual no significa que no hubiera diferencias de criterios en materia de administración, como en cualquier organización donde concurren partes con identidades e idiosincrasias bien marcadas.

Faltaba completar, ciertamente, la tarea de traslado de restos y de monumentos desde Victoria, para lo cual la Municipalidad había facilitado los trámites de reducción de restos e, incluso, eximido de tasas. Se buscaba acelerar el proceso de desalojo para poder construir allí un paseo público. Un obelisco de granito, colocado cerca del Memorial de las dos Guerras Mundiales, en el Cementerio Alemán, señala el osario común y recuerda los restos trasladados del sector alemán de Victoria: Ruhestätte der von Deutschen Teil des Victoria-Friedhofs im Jahre 1915 überführten sterblichen Reste (Lugar de descanso de los restos mortales del sector alemán del cementerio de Victoria trasladados en 1915).

La Congregación Evangélica Alemana debía levantar su propia capilla en un plazo de tres años y podía, además, seguir utilizando provisoriamente un sector de las instalaciones administrativas, hasta el 31 de diciembre de 1915.

En virtud del este convenio entre partes de 1915, quedaron claramente delimitados e identificados los dos enterratorios, ya que la parte alemana tomaba a su cargo, como se dijo, las secciones 1, 4 y 7; las manzanas A, E y F de la sección 5 y las manzanas A y C de la sección 8. Así las cosas, cuando los británicos y los norteamericanos celebraron su propio convenio de permuta con la Municipalidad el 26 de octubre de 1920, ya el cementerio estaba dividido.

Las capilla de responsos del Cementerio Alemán

La capilla del Cementerio Alemán (declarada monumento histórico nacional) fue proyectada por el arquitecto Juan Kronfuss en un tardío estilo neoclásico prusiano (es casi inevitable asociarla a alguna obra del arquitecto prusiano Karl F. Schinkel, como la capilla de Pomona en Postdam), muy equilibrado y sobrio, e inaugurada el 1º de agosto de 1926 (aunque el proyecto debió estar previsto antes, según puede observarse en un Plano del nuevo Cementerio Alemán fechado en noviembre de 1914 (44).

Su fachada exhibe un pórtico adelantado del orden toscano, con un frontón triangular en cuyo tímpanose colocó un relieve escultórico de tema funerario clásico (la urna cineraria parcialmente velada)y, por debajo, una inscripción en lengua alemana, de fuente evangélica (SELIG SIND DIE TOTEN, DIE IN DEM HERRN STERBEN= Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos). La cubierta remata en una bella cruz de hierro forjado.

La edificación estuvo a cargo de la empresa alemana Wayss & Freitag, establecida en el país a fines de 1909 y con fuerte expertise en construcciones de hormigón armado.

En el altar de la capilla se destaca un bello vitral alusivo a la resurrección del Señor, fabricado en Munich por el Real Instituto de Arte Cristiano Mayer & Cía, e importado por Adolf Weber. También existen allí decoraciones pictóricas que fueron restauradas por el señor Pablo Jellin en 1986 .

El edificio logra una óptima inserción en el encantador paisaje de su entorno: situada en el eje del acceso principal y en el foco visual del pórtico.

El pórtico monumental

El mismo decreto de declaratoria patrimonial de la capilla incluyó el Pórtico del Cementerio Alemán, también proyectado por el arquitecto Kronfuss, e inaugurado en 1916 bajo su dirección. Guarda unidad de lenguaje formal con la capilla.

Originalmente, en el remate del pórtico lucía un conjunto escultórico, presidido por Cristo en gesto bendicente, flanqueado por dos figuras orantes, cuyo destino se desconoce.

Un detalle funcional es la existencia de locales en la planta alta de este pórtico (perfectamente disimulados), a la cual se accede por una escalera de madera. En la actualidad, estas dependencias tienen uso administrativo, pero podría conjeturarse que hayan sido previstas como vivienda del cuidador.

El "portón ceremonial", símbolo de amistad y concordia

Desde hacía tiempo, las direcciones y gerencias de ambos cementerios habían coincidido en la conveniencia de realizar un gesto simbólico que denotara la unidad de origen (diluida en el recuerdo por el paso de los años) y que pusiera de manifiesto las cordiales relaciones entre ambas instituciones y ambas colectividades. Un "portón ceremonial" que conectara internamente los dos predios era no sólo una necesidad, sino que también venía a poner de relieve aquella demanda simbólica.

El 11 de noviembre de 2018, a las 11 a.m, al recordarse el centenario del armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial, en una brillante ceremonia, encabezada por los embajadores de Alemania y del Reino Unido acreditados en la Argentina, fue inaugurado el "portón ceremonial".

Al denominarlo "portón ceremonial" ha quedado marcada la intención de convertir aquella pieza de herrería no solamente en un dispositivo funcional de paso, sino en jerarquizarlo como expresión visible y material de un evento intangible y espiritual como es la paz entre naciones, al concordia entre pueblos y la cultura y la civilización como logros. No se trata, entonces, de una simple puerta servicial, sino de algo más que, a su modo, recapitula aquella mancomunada unidad de origen de ambos cementerios, ya desde el siglo XIX.
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El presente texto es un extracto del libro, inédito aún, del mismo autor, acerca de la historia y la estética de los Cementerios Alemán y Británico de Buenos Aires.

Se autoriza la reproducción de partes de este texto, indicando la fuente (Cementerio Alemán página web oficial) y su autoría (Oscar Andrés De Masi)





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